En juego está el cetro comercial y de volumen de negocio que dejan Messi y Cristiano, no sólo la gloria deportiva de ser declarado el mejor.

Los más puros aficionados al fútbol y algunos de sus protagonistas principales como Luis Enrique se declaran contundentemente contrarios al Balón de Oro. En un deporte colectivo y en el que tanto priman los equipos sobre los jugadores, se considera un sacrilegio sentenciar que uno es mejor que el resto. El debate es viejo. Irreparable. Pero últimamente va mucho más allá de eso. Se ha politizado tanto el galardón que se utiliza como herramienta de fuerza y presión, de negociación e inyección económica.

Los futbolistas incluyen variables en sus contratos por las que reciben cuantiosas sumas de dinero si son Balón de Oro. A veces esta cifra puede alcanzar los tres millones de euros. Las marcas comerciales a las que representan también llegan a triplicar los emolumentos si sus clientes pasan a ser los mejores del planeta. El valor como imagen y como figura de relevancia mundial se dispara como quizá de ninguna otra manera ocurra en el fútbol.

Por eso hoy, en Londres, con la aureola mediática que siempre acompaña a la cita, entre una nebulosa más tupida que nunca, se anunciará al futbolista que reine sobre los demás, al que, al menos por un año, pueda decir que tiene lo que los demás persiguen. El trofeo está valorado en 3.500 euros, pero su verdadero valor va más allá del físico. Es una batalla por el mercado, es un triunfo del jugador como parte del negocio.

Quizá por ello los esfuerzos de Mbappé y Lamine por colocar su nombre en las quinielas ha sido tan extremo. Tienen el ejemplo muy cercano y aún candente de lo que han supuesto Messi y Cristiano para la industria y para sus bolsillos.

Los dos gigantes de la generación anterior dejan a la vista un relevo futbolístico y de contratos millonarios que ni Mbappé ni Lamine están dispuestos a desperdiciar. Nunca se vieron campañas por autoproclamarse vencedores como las suyas de esta edición. Les ha servido para llegar a este día con opciones reales, que no es poco. Les importa tanto levantar el trofeo dorado al cielo como lo que viene después. Representa el cénit. El millonario también.

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