En Santander, tras quedarse con la miel en los labios en Londres, se reinicia el reto mayor de Kylian: los grandes títulos de blanco. Además, son el camino más corto al galardón dorado.
Hay partidos que no son un solo partido, sino muchos. O el epílogo de una historia que comienza, como lo es Santander para Mbappé. Llega con la huella fresca de lo que no fue, ese Balón de Oro que se le escapó entre los dedos y alzó Kane. Por un suspiro se quedó en Londres y no voló hacia Bondy. Pero no es el galardón dorado la gran obsesión del francés, sino uno que no se decide por votación: los grandes títulos con el Madrid (una Supercopa de Europa y una Intercontinental de blanco). Porque en Chamartín la gloria individual es espuma, pero lo que pesa es la vitrina. Mbappé lo sabe, lo anhela y lo sueña desde niño. Ya lo confesó a través de un cómic.
Ese es su gran reto, uno que no admite 28 puntos de consuelo. Ese lo elige un jurado y suscita debate, pero un trofeo es para siempre, no admite discusión, como tampoco lo hacen sus goles (la pasada temporada fue el pichichi liguero, de la Champions y del Mundial) y, al mismo tiempo, son el camino más corto hacia el reconocimiento. Por eso hoy, tras quedarse a las puertas del Balón de Oro, es el kilómetro cero hacia el ‘otro’: los títulos.
Enfrente tendrá un rival sin pasado común, un territorio jamás galopado por el de Bondy. Ni fantasmas que esquivar ni goles que emular. Pero sí otro pequeño desafío auspiciado por haber logrado marcar a sus anteriores 23 rivales ligueros. Ante todos los que se ha enfrentado ha festejado, uno tras otro. En la tercera jornada no falló ante el Málaga, el primero de los tres recién ascendidos que se cruzaron con su punto de mira. Luego, en la sexta, zarpazo al Elche, único que se le había resistido. Ahora es turno del Racing, 24º equipo distinto con el que se mide en Liga. El siguiente será el Deportivo, en Navidad. Pero el ‘pleno al 24’ lo buscará en Halloween.
Eso sí, los de José Álberto López mastican el duelo con ilusión y no se encastillan en casa. Ahí han llegado sus 11 puntos y son el quinto mejor local del campeonato. Lejos son de papel y no han logrado sumar aún, pero nadie ha logrado asaltar su feudo: tres triunfos y dos empates. La clasificación los disfraza de corderos (15º), pero en el Sardinero son lobos.
Aunque más lo es Mbappé. Su racha, además, asusta. Viene de un doblete en el Camp Nou que desfibriló a un campeonato liguero que muchos daban por muerto: tras los triunfos de ayer de Barça y Atleti, el triunfo blanco les haría dormir a tres puntos de los de Flick y a uno de los de Simeone... con duelo entre rojiblancos y azulgranas en la próxima jornada. Y llevó en el Camp Nou su contador de blanco hasta 100 (116 partidos), tras haber marcado también en los tres partidos de una Champions que el Madrid, de momento, comanda.
Una cifras de impresión que mejora incluso al conjugar sus méritos en presente: 14 goles, 11 en Liga, en 13 partidos. Un tanto cada 83 minutos, más de uno por noche. Un futbolista con olfato nuclear que comienza en el Sardinero su búsqueda del ‘otro’ Balón de Oro.
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