Hay un caso Liam Lawson en Red Bull, pero esta vez Liam no tiene ninguna culpa. Más bien al contrario. La paradoja es que lo que está provocando un quebradero de cabeza a los responsables de la estructura austriaca es precisamente el excelente rendimiento que está ofreciendo el piloto neozelandés esta temporada. Una progresión constante, acompañada de resultados concretos, que ha contribuido de manera decisiva a la quinta posición que ocupa actualmente Racing Bulls en el Mundial de Constructores.
Lawson no solo ha sumado puntos para el equipo de Faenza. Cuando tuvo que sustituir a Isack Hadjar durante tres fines de semana de carrera, también respondió al volante del Red Bull, logrando un sexto y un séptimo puesto. Unas actuaciones que confirmaron la madurez alcanzada por un piloto que, después de una trayectoria no siempre sencilla, parece haber encontrado la regularidad y la confianza en sus propias capacidades.
En un equipo convencional, la renovación de Lawson para 2027 probablemente sería un mero trámite. Y ni mucho menos está descartado que Liam dispute el próximo Mundial con Racing Bulls. De hecho, sus posibilidades siguen siendo reales. El problema es que la estructura de Red Bull no se rige necesariamente por la misma lógica que las demás escuderías.
Max Verstappen, Red Bull Racing, Arvid Lindblad, Racing Bulls
Foto di: Simon Galloway / LAT Images via Getty Images
Ahí es donde aparece la particularidad de este caso. Racing Bulls es un equipo de Fórmula 1 que debe conseguir resultados, sumar puntos y mejorar su posición en el Mundial de Constructores. Pero también es, y sobre todo, una herramienta estratégica del grupo Red Bull, creada para ofrecer una oportunidad a los mejores talentos de su programa de jóvenes pilotos y evaluar su potencial de cara a un posible salto al equipo principal.
Dos facetas que normalmente conviven sin demasiadas dificultades, pero que en determinadas circunstancias pueden entrar en conflicto. La quinta posición en el Mundial de Constructores supone un resultado importante para Faenza, tanto desde el punto de vista deportivo como económico. Y la posibilidad de afrontar 2027 con una pareja formada por Lawson y Arvid Lindblad ofrece ventajas evidentes.
Después de dos temporadas en las que el equipo ha tenido que acompañar el desarrollo de un debutante, Racing Bulls podría contar por fin con dos pilotos plenamente adaptados a la realidad de la Fórmula 1. Una circunstancia que le permitiría dedicar más recursos al desarrollo técnico y a mejorar la competitividad del monoplaza.
Sin embargo, la misión original del equipo satélite nunca ha sido exclusivamente maximizar los resultados inmediatos. Su principal cometido sigue siendo identificar a los pilotos capaces de dar el salto a Red Bull. Y, si es posible, descubrir a otro Max Verstappen.
Es precisamente esa perspectiva la que hace que la continuidad de Lawson no esté tan clara. El neozelandés está demostrando ser un piloto sólido, rápido y fiable, pero no parece encajar en el perfil sobre el que Red Bull pretende construir su futuro a medio y largo plazo. Una valoración que no resta mérito a lo que ha demostrado en la pista, pero que responde a criterios diferentes a los de una escudería convencional.
Si se tiene en cuenta la función original de Racing Bulls, el candidato más lógico para 2027 podría ser Nikola Tsolov. El joven búlgaro, protagonista de una buena temporada en Fórmula 2 que le sitúa actualmente segundo en la clasificación, por detrás de Rafael Cámara, representa exactamente el tipo de talento que el programa de Red Bull fue creado para descubrir y promocionar.
Ofrecerle un asiento en Faenza significaría dar continuidad a la política de apostar por los jóvenes, poniendo a prueba a un piloto en el que el grupo podría decidir invertir de cara al futuro. Siempre que los resultados acompañen, naturalmente.
Sería una decisión cruel para Lawson, pero perfectamente lógica si se tienen en cuenta los objetivos del programa. Al fin y al cabo, la historia de Red Bull está llena de decisiones en las que el potencial de futuro ha pesado más que los resultados conseguidos en el presente. Sin embargo, esta vez la situación presenta algunos matices diferentes.
Laurent Mekies, Red Bull Racing Team Principal
Foto di: Jayce Illman / Getty Images
Con Laurent Mekies al frente de Red Bull, también podría abrirse la puerta a una valoración menos rígida, capaz de tener en cuenta no solo el potencial de los jóvenes pilotos, sino también el camino recorrido por quienes ya han disfrutado de su oportunidad.
No supondría necesariamente una ruptura con el pasado. Helmut Marko siempre ha dirigido el programa de jóvenes pilotos siguiendo unos principios muy claros, sin ocultar a sus integrantes las reglas del juego.
Quien entra en el universo Red Bull sabe que tendrá a su disposición grandes oportunidades, pero también que estará sometido a una presión constante, consciente de que siempre puede aparecer otro talento dispuesto a ocupar su lugar. Es una filosofía que ha dado resultados extraordinarios, pero que también ha obligado a tomar decisiones difíciles.
El caso Lawson podría brindar la oportunidad de introducir una sensibilidad diferente. Liam ha atravesado momentos complicados, ha tenido que reconstruir su credibilidad y en 2026 ha respondido de la mejor manera posible: con resultados en la pista. Fin de semana tras fin de semana, ha mostrado una versión más madura de sí mismo, hasta convertirse en una pieza importante para Racing Bulls.
Por tanto, también hay un componente humano que merece ser considerado. Red Bull le ofreció una gran oportunidad, pero Lawson ha demostrado que sabe aprovecharla. Concederle otra temporada en Faenza no significaría necesariamente renunciar a la búsqueda del próximo gran talento. Podría ser, simplemente, el reconocimiento a una trayectoria de crecimiento que merece tener continuidad.
Foto di: Bryn Lennon / Formula 1 via Getty Images
Existe, además, una alternativa que permitiría conciliar ambas necesidades: renovar a Lawson para 2027 y enviar a Tsolov a competir en la Super Fórmula japonesa. No supondría un rechazo al joven búlgaro, sino una etapa más en su formación antes de un posible debut en Fórmula 1 en 2028. Un camino que Red Bull ya exploró con éxito en 2017 con Pierre Gasly, que disputó el campeonato japonés antes de llegar a la máxima categoría.
Para Tsolov, supondría la oportunidad de competir con monoplazas de grandes prestaciones y desenvolverse en un entorno técnico y deportivo diferente, acumulando una experiencia que podría resultar muy valiosa cuando llegase el momento de dar el salto a la Fórmula 1.
La decisión que tiene por delante Red Bull es, por tanto, menos sencilla de lo que podría parecer. Renovar a Lawson significaría recompensar a un piloto que ha sabido superar las dificultades y recuperar su competitividad y madurez. Apostar directamente por Tsolov supondría mantenerse fiel a la filosofía que ha permitido al grupo descubrir a algunos de los mejores talentos de la Fórmula 1.
Dos decisiones igualmente comprensibles, pero que reflejan prioridades diferentes. Y quizás, por una vez, el problema de Red Bull no sea encontrar a un piloto a la altura del asiento, sino decidir si es justo arrebatárselo a alguien que ha demostrado merecerlo.
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