El subsecretario de Justicia —ahora ex— consideró que era buena idea difundir un video dando a conocer "su" versión sobre la crisis política más grave que ha vivido el gobierno de Kast. Era obvio: salió todo mal. Pero la cabeza de Silva no bastará para expiar a Rabat. Esta es la historia de cómo cayó 'El Profe', uno de los rostros principales de republicanos.
Hay ideas políticas malas y otras peores. La decisión inconsulta del hasta ayer subsecretario de Justicia, Luis Silva —popularmente conocido como ‘El Profe’— de divulgar un video explicando su versión respecto de la rebaja de penas a abusadores sexuales, colmó la paciencia de La Moneda.
Y eso que una de las cosas que más se le ha criticado al Presidente Kast es la paciencia “generosa” —estoica para algunos, empecinamiento para otros— que ha exhibido durante el principal conflicto que azota a su gobierno desde que arribó al poder.
La Moneda —eso dicen— cree que esto ayudará a descomprimir la tensión. Después de la salida de Silva, conversé con políticos del oficialismo y de la oposición: la idea es peregrina.
Silva era un objetivo secundario para la oposición. Un actor muy detestado, pero secundario. Rabat es el nombre. Incluso despedido, dicen que la acusación constitucional va sí o sí: con ministro en ejercicio o con exministro.
Y en el oficialismo, dividido y belicoso como nunca —”siento como si hubiéramos vuelto a los tiempos del gobierno de Piñera 2.0″, me dice un RN— creen que la salida de Silva solo se leerá como un castigo a la torpeza del video, no por lo sustantivo: haber aprobado los decretos sin sopesar los efectos políticos.
“La salida del subsecretario Silva no puede entenderse como el cierre de esta crisis”, dijo la senadora Andrea Balladares, presidenta de RN, en El Mercurio.
“Silva ya se fue. Rabat debe irse. ¿Por qué los protege Kast? ¿Qué sabe el Presidente?”, me dice el diputado Daniel Manouchehri del PS. Su tono es el de la mayoría de la izquierda: a Kast y a Rabat no les darán ni un segundo de tregua.
El jueves pasado, Silva subió a redes un video. Sentado, con el retrato del Presidente atrás —excesivamente bien a la vista— y una bandera chilena arriba del escritorio —excesivamente notoria— dio su versión de los hechos.
La pieza audiovisual era el reflejo del mismo vicio que evidenció la firma de los decretos: la chapucería política. No le consultó a nadie. No preguntó si era buena idea. No le informó al ministro. Nadie de su entorno le recomendó que pusiera stop y no play.
“Ni el ministro ni yo buscábamos que ninguno de esos criminales saliera de la cárcel ni un solo día antes del cumplimiento de su condena. Sin embargo, otorgar la rebaja no es una decisión personal ni del ministro ni mía”, dijo Silva a la cámara.
Pero lo peor para el futuro de Silva estaba por venir. Y no lo vio venir.
“¿Por qué aparece mi firma? A quien le corresponde firmar es al ministro. Pero cuando el ministro de Justicia no está, lo subroga el subsecretario. Y cuando el subsecretario, subrogando al ministro de Justicia, firma, lo hace aplicando el criterio fijado por el propio ministro. Y eso fue lo que hice”.
Salvo exegetas piadosos, la gran mayoría lo leyó como una exculpación o, en simple, escurrir el bulto. Y peor: lanzándole el bulto de mil toneladas a Rabat.
“Silva es igual de responsable que Rabat. Firmó al menos diez de los decretos que rebajaron y ahora dice que solo aplicó el criterio de su ministro. Es insólito que en el Ministerio de Justicia se estén echando la culpa entre ellos. Para ser honesta, nunca imaginé que eran capaces de tanto. Silva no estaba exento de responsabilidades. Como subsecretario defendió rebajas de dos exagentes de la CNI, pese a que la Corte Suprema ya las había rechazado. En otro caso pidió que el expediente no fuera de acceso público. Eso fue gestión suya”, me dice Gael Yeomans, presidenta del Frente Amplio.
El diputado Manouchehri es duro: “Luis Silva es un cobarde. Culpó a Rabat para bajar su propia condena política. Pero su firma está en los decretos pro pederastas. Las excusas baratas no borran las firmas”.
Desde el oficialismo también hubo fuertes reparos al video:
Cristián Monckeberg (RN): “Vi un video del subsecretario de Justicia que yo pensé que era inteligencia artificial, donde se exculpaba de toda responsabilidad por otros decretos que había firmado y que lo estaría haciendo en nombre del ministro, pero no porque él quería. En el fondo eso es lo que se traducía en el video”.
Evelyn Matthei (UDI): “cuando uno comete un error, uno reconoce el error. De las cosas más feas que me ha tocado ver es echarle la culpa a otros”.
Los republicanos defendieron hasta último momento a su camarada de partido.
El diputado Stephan Schubert dijo: “Me parece correcto que el subsecretario aclare el procedimiento que ha sido tan cuestionado”, mientras que el diputado Agustín Romero descartaba que Silva se estuviese desligando de responsabilidad por la firma de decretos.
“El subsecretario al reemplazar al ministro de manera temporal no puede tomar decisiones distintas, si hubiese aplicado un criterio distinto habría problemas”, dice Romero.
El viernes en la mañana Rabat y Silva hicieron un punto de prensa en el Congreso. Esto no hizo más que confirmar que el video de Silva era una gran metida de pata.
Los periodistas le preguntaron a Rabat si Silva le advirtió del video.
En una puesta en escena preparada, Silva tomó la palabra:
“Esa respuesta la voy a contestar yo. Quiero explicar que la finalidad del video que subí es informar a la ciudadanía acerca de una materia en que existe un gran desconocimiento. Ese fue el único propósito del video que subimos anoche… Como el propósito de ese video fue informar, yo no estimé necesario consultarlo con el ministro, porque no estaba diciendo en él, y lo pueden comprobar fácilmente, nada distinto de lo que el ministro ya había dicho el día miércoles en la Cámara de Diputados”.
“Lo único que agregué fue la explicación de por qué el subsecretario firma en algunos casos este tipo de decretos. Con el ministro hemos estado trabajando estrechamente desde el primer día que asumimos en el ministerio”.
Fue su última alocución como subsecretario.
En La Moneda ya lo habían decidido: se va.
“Si José Antonio Kast no estuviera en republicanos yo tampoco estaría”. La frase es de Luis Silva Irarrázaval, por esos días candidato al Consejo Constituyente.
Silva es kastista hasta la médula. En 2018 se unió a Acción Republicana, el movimiento que dio origen al partido gobernante: en el arranque del largo camino a La Moneda pocos fueron los misioneros de JAK. Silva está en la lista. Veremos, ahora, si sigue ahí.
En marzo, el Presidente lo nombró subsecretario de Justicia. Siete meses después, Silva vive el peor momento de su corta historia política.
“El Profe”, como lo denominó con éxito el comité creativo republicano para la campaña constituyente, un destacado académico —abogado de la UC, máster en derecho, profesor de varias universidades— no vio venir el terremoto.
El viernes su historia en el Gobierno terminó con él saliendo por una puerta lateral del ministerio.
En política no hay muertos, pero esto es lo más parecido a un suicidio político con dos armas: la firma de los decretos y el famoso video.
El viernes, tal como todos los días anteriores, fue una mala jornada para el Gobierno. El Ministerio Público confirmó la apertura de una investigación contra el ministro Rabat y Silva por el presunto delito de prevaricación administrativa. Los diputados Luis Cuello (PC) y Juan Santana (PS) interpusieron la denuncia.
Olieron la oportunidad —con oportunismo— para poder referirse públicamente a las dos autoridades como “imputados”. Imputados suena a sospechosos aunque no significa eso. Pero esto es una batalla de mensajes sin escrúpulos que, claramente, La Moneda está perdiendo por goleada.
Eso fue en la mañana. En la tarde, vino lo de Silva.
Un nuevo antecedente revelado esta semana por Tele13 puso en entredicho uno de los principales argumentos esgrimidos por el Ministerio de Justicia para justificar las rebajas de condenas.
Se trata del caso de José Jaime Silva Olivares, de 64 años, condenado el 8 de octubre de 2021 a cinco años y un día de presidio por abuso sexual. Cumplía su pena en la cárcel de Limache y debía recuperar la libertad en octubre de 2026.
Sin embargo, la Comisión de Reducción de Condenas revisó sus antecedentes y aprobó una rebaja de pena por «conducta sobresaliente», que adelantaba su fecha de salida al 9 de enero de 2026, nueve meses antes de lo previsto originalmente.
Ante la demora en hacer efectiva la rebaja de condena —habían transcurrido más de cuatro meses desde la fecha prevista para su liberación—, el abogado de Silva Olivares presentó un recurso de amparo ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso.
El tribunal solicitó antecedentes a Gendarmería y al Ministerio de Justicia para resolver la acción judicial. Sin embargo, nunca alcanzó a pronunciarse.
El 24 de junio, apenas nueve días después de presentado el recurso, el entonces subsecretario Silva, quien ejercía como ministro de Justicia subrogante, firmó el decreto que hizo efectiva la rebaja de condena.
Ese mismo día, Silva Olivares recuperó su libertad.
Para fundamentar la decisión, Silva invocó la jurisprudencia de la Corte Suprema y la necesidad de evitar una “judicialización innecesaria de materias ya resueltas”.
Seis días después, el 30 de junio, con Silva Olivares ya en libertad, su abogado desistió del recurso de amparo.
La Corte de Apelaciones nunca ordenó su liberación. La decisión fue adoptada por el Ministerio de Justicia, antes de que existiera un pronunciamiento judicial sobre ese caso.
Los pocos que hablan en privado dentro del Gobierno a estas alturas siguen sin entender cómo Rabat y Silva no aquilataron los costos políticos de la decisión que estaban tomando.
“¡Ninguno de los dos!!! Ambos, no vieron lo que se podía venir”, dicen.
Un reportaje de Tele13 reveló que asesores de Rabat y Silva los alertaron de los riesgos políticos que, casi por seguro, conllevaría la rebaja aprobada en el ministerio sin pasar por las cortes.
—”¿Qué hubiera pasado si el documento hubiese llegado al escritorio del biministro Alvarado? ¿Habría sido otra la decisión?”, le pregunté esta semana a María José Hoffmann, vicepresidenta de la UDI.
—”Tengo la impresión de que hubiese sido otra la decisión”, me respondió.
“Rabat no debía pedir la venia de nadie, pero sí la opinión de varios. No cotejó ni compartió la decisión”, dicen en el oficialismo.
“Ni Rabat ni Silva olieron el peligro. Eso es ser amateur políticamente hablando”, dice un parlamentario gobiernista.
No son pocos en el “oficialismo no-republicano” que le cargan la mano al exsubsecretario. “Silva, a diferencia de Rabat, tiene historia política. Milita hace años, lleva 7 años trabajando por Kast… Se ha presentado a distintas elecciones, fue consejero constituyente. Por eso no se entiende que no haya encendido las alertas. Peor aún: también firmó decretos”, dice un parlamentario.
Silva fue el consejero más votado a nivel nacional en 2023: obtuvo 709.817 votos. Una hazaña: había sido candidato a la Convención Constitucional en mayo de 2021 y obtuvo apenas 4.947 votos. Rojas Vade le ganó.
“Hay una línea de continuidad entre ‘El Profe’ y el subsecretario, porque ‘El Profe’ nace con vocación política. Hemos tratado de que el perfil del profe sea muy coherente con su misión y su origen”, le dijo Silva a este medio, reafirmando lo que había dicho después de la Convención: “Llegué a la política para quedarme”.
Esta semana, Cadem midió el efecto de las rebajas de penas.
El resultado es desastroso para La Moneda.
“Ud. aprueba o desaprueba la forma en cómo se ha desempeñado el ministro de Justicia, Fernando Rabat?”, fue la pregunta.
77% desaprueba; 12% aprueba y 11% no sabe.
Pero los números más alarmantes tienen que ver con quienes se autoidentifican de derecha y con quienes forman parte del 29% que apoya al Presidente.
En el primer grupo, el 59% desaprueba a Rabat y el 27% aprueba. En el segundo, el “voto duro” kastiano, el 45% desaprueba y el 35% aprueba.
Ubik, una de las más importantes empresas de reputación digital, midió la presencia de Silva en redes sociales. “En la primera semana de la crisis sólo aparece en el 8,4% de las casi 300 mil menciones relacionadas con el caso”, dice su CEO, Andrés Azócar.
Después de que Tele13 emitió el reportaje antes comentado y él divulgó su video, “pasó al 30% de las menciones en la última semana”, explica Azócar, quien agrega que el 89% de las menciones son de carácter negativo y sólo 1% son positivas. El resto son neutras.
La leyenda relata que, cuando Alejandro Magno llegó a Gordio —hoy Turquía—, se topó con un carro atado mediante un nudo tan intrincado que nadie lo podía desamarrar.
El famoso mito del nudo gordiano: quien lograra desatarlo dominaría Asia.
Alejandro, literalmente, no se enredó: sacó su espada y cortó el nudo de un tajo.
Al escuchar las voces del oficialismo no-republicano, Kast debería desatar el nudo gordiano —el destino de Rabat— tal como Alejandro.
Republicanos, en cambio, dice que no existe tal nudo. Que no hay nada que cortar.
Veremos qué viene después del fin de Silva.
